Los abusos del lenguaje en la posmodernidad

 

 

 

En 1996, Alan Sokal, físico norteamericano y profesor de física de la Universidad de Nueva York, escribió un artículo paródico construido en base a citas auténticas tomadas de célebres intelectuales mayoritariamente franceses en las que se hacía referencia a conceptos desarrollados en los campos de la física y las matemáticas. Titulado “Transgredir las fronteras: una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica” [Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity], fue publicado en la revista especializada en estudios culturales Social text, de la Universidad de Duke. Contenía 55 notas textuales y 213 referencias bibliográficas.

El caso se transformó en un escándalo. Sokal denunció la “broma” en la revista Lingua Franca, detallando su maniobra en un articulo al que llamo: “Un físico experimenta con los estudios culturales” [A Physicist Experiments With Cultural Studies].

A la manera de lo que Rolland Barthes proponía con su idea del texto plural y acorde al método con que construyó en 1977 su obra Fragmentos de un discurso amoroso (para la cual se basó en un montaje de trozos de piezas de Goethe, Platón, Nietzsche, entre otros); Sokal hizo lo propio con un fin bien distinto. Las fuentes de sus citas fueron Lyotard, Derrida, Lacan, Deleuze, Kristeva, Virilio, Irigaray, Latour y Baudrillard, entre otros; y su esfuerzo consistió en combinar ese material en un texto rebosante de metáforas y plagado de terminología científica. Su argumento radicalizaba el relativismo que venía a criticar, al proponer que la búsqueda de la verdad debía subordinarse a la agenda política.

El historiador de la ciencia Miguel de Asúa, narra en estos términos su contenido: “la tesis es que la ciencia de fines del siglo xx […] finalmente ha superado el paradigma cartesiano-newtoniano, demostrado que la realidad física es una construcción social y lingüística, que el conocimiento científico es un mero reflejo de las ideologías dominantes y de las relaciones de poder inherentes a la cultura que lo produce y que el discurso científico no puede aspirar a una posición epistemológica privilegiada respecto de los saberes de las comunidades marginales”.

A modo de ejemplo transcribo un fragmento del texto ofrecido por Sokal a Social Text:

 

«Finalmente, el contenido de una ciencia está constreñido profundamente por el lenguaje en el cual sus discursos son formulados; y la física de la corriente principal occidental ha sido formulada, desde Galileo, en el lenguaje de las matemáticas. ¿Pero las matemáticas de quién? La pregunta es fundamental, porque, como ha observado Aronowitz, "ni la lógica ni las matemáticas escapan a la ‘contaminación’ de lo social". Y como las pensadoras feministas han señalado repetidamente, en la presente cultura esta contaminación es abrumadoramente capitalista, patriarcal y militarista: "la matemática es representada como una mujer cuya naturaleza desea ser conquistada". Por tanto, una ciencia liberadora no puede estar completa sin una profunda revisión del canon de las matemáticas».

 

La crítica de Sokal se apoya en considerar que los autores de la “posmodernidad” (término bajo el que agrupa las producciones de los autores que refiere y las tendencias que éstos imprimen) olvidan que existe un mundo real; cuyas “propiedades no son sólo construcciones sociales”. De este olvido es consecuencia que la ciencia se convierta en una narración más, excesivamente interesada en las creencias subjetivas y en el énfasis en el discurso y el lenguaje. En su experimento, Sokal procura demostrar lo fácil que resulta que un razonamiento “chapucero” se use para negar la existencia de realidades objetivas. Según su expresión, el recurso satírico fue la forma de gritar que “el rey está desnudo”.

Vale la pena recordar la fábula a la que alude la frase. Recogida por Hans Christian Andersen en su cuento “El traje nuevo del emperador”, se resume en el aforismo: “Sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea”. El rey, a quien prestigiosos sastres han creado un nuevo traje, fue advertido por éstos acerca que sólo los tontos no podrían ver su hermosura. Para evitar pasar por tonto, calla lo que reconoce: su desnudez. Como los miembros de la corte tampoco quieren parecer tontos y el pueblo teme contrariar al rey, solo un niño se atreve a gritar: “¡El Rey está desnudo!”, ante lo cual éste se da cuenta del engaño.

Los sastres estafadores denunciados por Sokal son los razonadores de la posmodernidad, cuyo prestigio tapa el hecho de que las ostentosas teorías que construyen son puro engaño. Así, la aceptación de su artículo en la revista Social Text le sirve como ejemplo de la falta de rigor intelectual. El hecho expone la arrogancia intelectual de la Teoría llevada al extremo. Sokal destaca que los editores de la revista, además de no haber contratado a un físico para la evaluación de su artículo; fueron llamativamente distraídos frente a la “total ilógica de todo el artículo”.

La denuncia de Sokal abarcaba la producción de textos académicos en el ámbito de las ciencias sociales, donde la influencia de los autores mencionados se evocaba como respaldo de autoridad, compensando las fallas de argumentación, el abandono del rigor científico y el uso de un lenguaje confuso. Fue justamente la apelación a las voces de autoridad lo que contribuyó a que su propio artículo no fuera suficientemente examinado. El sin sentido, el lenguaje deliberadamente oscuro, la confusión de ideas, el mal uso de los conceptos científicos no necesariamente podían atribuirse a las fuentes citadas.

Un año después Sokal vuelve sobre el tema y publica junto a su colega Jean Bricmont el libro Imposturas intelectuales. Allí expresan nuevamente que la sátira pretendía provocar un llamado de atención sobre la excesiva tolerancia con que la intelectualidad en general recibía y alentaba la falta de rigor científico en los discursos provenientes del ámbito de las humanidades y de las ciencias sociales. Pero esta vez se proponen el examen de las obras de algunos de los intelectuales citados. Sokal, que había construido un texto fraudulento apoyado en fragmentos de distintas obras, en este libro las retoma para tratarlas como fraudulentas en sí mismas.

Son las obras de “los impostores”.

Desde la introducción puntualizan los tipos de abusos en que ocurren los impostores. El primero consiste en la utilización de una terminología científica -o pseudocientífica- despreocupada de su significado. El segundo se basa en la incorporación para las ciencias humanas o sociales de nociones propias de las ciencias naturales, sin una justificación que acompañe ese proceder. El tercero refiere a la maniobra de impresionar e intimidar al lector no científico con una avalancha de términos técnicos en un contexto en el que resultan absolutamente incongruentes. Y el cuarto radica en la manipulación de frases sin sentido y la indiferencia por el significado de las palabras, provocando una intoxicación verbal al lector (Bricmont y Sokal, 1997, 22-23).

El primer capítulo se consagra a Lacan, quien “ilustra a la perfección, en diferentes pasajes de su obra, los abusos citados en la introducción” (ídem, 50). Estos abusos se presentan verificados en el uso que hace el psicoanalista de las matemáticas. Los autores dicen: «… las “matemáticas” de Lacan son tan fantasiosas que no pueden desempeñar ninguna función útil en un análisis psicológico serio […] con sus lecciones un estudiante no aprenderá qué es un número natural o un conjunto compacto, a pesar de que sus afirmaciones, en lo poco que hay de comprensible en ellas, no siempre son falsas» (ídem, 50). Demás está preguntar por qué un estudiante tendría que aprender los números naturales y los conjuntos compactos asistiendo a las lecciones de un psicoanalista; o esbozar ahora la diferencia entre una psicología y el psicoanálisis. Los autores rechazan también un “privilegio extremo” que en el psicoanálisis adquiere la teoría –a la que consideran puro formalismo y juego de palabras– en detrimento de los aspectos empíricos. Consideran que a la juventud de esta ciencia convendría verificar la adecuación empírica de sus proposiciones antes que aventurarse en “grandes generalizaciones teóricas”, como las que encuentran en los escritos de Lacan.

De modo que ya no se trata tampoco de una crítica dirigida contra ciertos abusos del lenguaje en algunos pasajes de obras de autores reconocidos, sino de una crítica en este caso a los aportes de Lacan a la teoría psicoanalítica, subrayando las falencias epistemológicas de esta nueva ciencia.

La apuesta es cada vez más alta. Pero en este recorrido el valor de la prueba recogida en la experimentación (la publicación del artículo “Transgredir las fronteras…”) no es puesto en cuestión. La pregunta que se elude (¿qué probó la publicación del artículo?) nos confronta con los aspectos epistemológicos del proceder de Sokal. Puesto que incluso si aceptamos que la característica principal de la ciencia en la llamada posmodernidad son los desvíos denunciados, y que esto implica la pérdida de la noción científica de la verdad; subsiste la pregunta sobre la base empírica de esta conclusión. El físico basa su querella en su propia noción de sin sentido. Los lectores que encuentren algún sentido en su artículo, son simplemente estafados, como el rey de la fábula cuya desnudez era invisible tras el ropaje de su creencia. La utilización de artilugios que son moneda corriente en el género académico del campo de las ciencias humanas y sociales produce engaño, pero esta fina delimitación entre el sentido y el engaño… ¿es suficiente para declarar la falsedad de las tesis que se presentan bajo condiciones textuales similares? ¿Qué sucedería si se presentara la tesis a la que Sokal dotó de una “retórica intoxicada” (cualidad que le permitiera el prestigio para conseguir la publicación), mediante una forma clara y argumentada? Si se adopta la idea de que eso es imposible, tanto como si lograra formularse en términos admitidos, la tesis obtendría o perdería validez en el juicio sobre el razonamiento que la sostiene. ¿No estamos fuera del campo del positivismo al buscar la cualidad de verdad de un enunciado en su propia formulación? ¿O deberemos considerar que los métodos de observación empleados para el caso se basan en la observación del razonamiento? Entonces la racionalidad se transformaría en contexto de verificación y desplazaría la importancia de los datos objetivos. Así obtendríamos que el concepto de verdad es igualado a un formalismo y el criterio de demarcación de la ciencia se establecería según “el razonamiento empleado” para obtener un concepto.

Si el rigor al que se refiere Sokal es el de la argumentación, la ciencia sería la mejor retórica.

¿Qué es lo que Sokal desnuda con su técnica satírica? al pretender arrancar los absurdos del lenguaje, no hace más que reencontrar los vestidos de los cuales la desnudez está hecha. Y puesto a la tarea de despellejar al rey, es su propio pellejo el que arranca cuando apuesta a ubicar las condiciones de uso para el poder del lenguaje. Porque mientras establece como abuso el traje de la sofisticación estafadora, sostiene la eficacia que lograría un lenguaje en correspondencia punto a punto con la realidad, como un traje verdaderamente perfecto podría cubrir cabalmente al cuerpo del rey. La soberanía de la realidad objetiva se alcanzaría, no sólo en forma del saber absoluto logrado por una conciencia, sino especialmente en uno que pudiera expresar hebra por hebra en su trama de lenguaje la devoción por ese cuerpo. Pero ¿qué cuerpo subsiste a la erradicación de la equivocidad del lenguaje? ¿Desnudo de qué estaría el rey cuya soberanía se sostiene de sus prendas? Privado del paño de la creencia no sería rey, ni habría reinado, gobierno o dominio sobre el que prevalecer. La desnudez y la soberanía, no están hechas de lenguaje, pero la fórmula del no es sin que Lacan sostuvo permiten decir que ni la soberanía ni la desnudez existen sin lenguaje.

Lacan también habla de empleo del lenguaje, pero para él no se trata de un uso más o menos abusivo, sino de sus efectos. Expresa que “…nosotros somos sus empleados. El lenguaje nos emplea y por eso motivo, goza” (Lacan, 1969/70,70). De este modo el psicoanálisis presenta su posición atópica respecto del saber y la verdad. Como práctica no intenta el conocimiento exhaustivo del hombre que habla, sino el reconocimiento para el ser que habla de su posición de sujeto, efecto del lenguaje. El saber no es conocimiento objetivo sino medio de goce, saber que habla solo y se presenta al sujeto como “cosa que se dice” (ídem, 74). El que habla no sólo ignora lo que dice, puesto que se le presenta como no sabido, sino que su posición es de desconocimiento respecto de quién lo dice; a pesar de lo cual puede reconocer que eso le concierne y hasta puede definir esa posición como la suya. Es por hablar pero no en el decir donde encuentra la verdad sobre , en el goce que todo discurso persigue. El interés del psicoanálisis por el discurso dista mucho de estar ligado a su coherencia y sus razones.

“La ciencia es una empresa racional, pero difícil de codificar” (Bricmont y Sokal, 1997, 79), dicen los autores, y ubican la fuente del escepticismo irracional cuyas derivas combaten en los fracasos del emprendimiento de codificarla (esfuerzos de Popper por ejemplo). Codificar el lenguaje, identificado con la capacidad de razonar, fue sin dudas la empresa de muchos filósofos modernos. Hobbes en 1651 (en su obra Leviatán) había propuesto un catálogo de abusos del lenguaje del cual el hacer científico debería prescindir. Pero el lenguaje es rebelde a la clasificación y todo acto discursivo puede ser acusado de abusivo, por muchos motivos entre los cuales se cuenta que no es sencillo extirpar de él la ambigüedad ni ajustar su uso al de un código, fijando de manera universal el sentido y el sin sentido. Freud, por su parte, se propuso otra vía para un hacer científico: deslizar la razón hacia las plazas donde el lenguaje hace sus inversiones imprevistas. Lacan llamó razón freudiana a esa novedad, cuyo punto de partida retoma la relevancia práctica de las irracionalidades vetadas por el discurso de la ciencia.

Organizadas por Freud como inconciente, definido por Lacan con la estructura de un lenguaje, su irrefutabilidad impide hacer de su estudio una ciencia. Pero en esta irrefutabilidad no funda una verdad, terreno en el que se diferencia también del pensamiento religioso.

Aunque en la experiencia analítica se manifiesta una verdad, ésta no puede situarse en la teoría psicoanalítica en tanto que a la verdad como tal, el significante no puede nombrarla, ya que surge de la equivocación. No podríamos decir que la teoría (aunque se construya con proposiciones verdaderas) aspire a decir la verdad. Por lo que psicoanálisis y teoría psicoanalítica no coinciden y la práctica (que roza la verdad) no consiste en aplicar una teoría.

 

 Bibliografía

 

Bricmont, J. y Sokal, A. (1997) Imposturas intelectuales. Barcelona, Paidós, 1999.

De Asúa, Miguel. “Experimento peligroso”, en Ciencia hoy. Volumen 6 - Nº36, 1997. Extraído el 9 de octubre de 2010 de http://www.cienciahoy.org.ar/hoy36/experime.htm

Lacan, J. (1959/60) El seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1991

Lacan, J. (1969/70) El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1992.

Lacan, J. (1977) El seminario, Libro 25, Momento de concluir. No editado.

Lynch, M. (1997) “Variaciones vocales y modulaciones modales de un escándalo literario” en Jurdant, B. (coord.) (1999/2003) Imposturas científicas: Los malentendidos del caso Sokal.  Madrid, Frónesis, 2003.

Sokal, A. (1998) “Un físico experimenta con los problemas humanísticos” [Experiment with Cultural Studies] en Lingua Franca, 6, 4.62-64, Traducción española: Simón Royo Hernández. Revisión: Maria Jesús Santiago Freijó. Extraído el 9 de Octubre de 2010 de http://www.terra.es/personal/yehudah/1999/ciencia12.html#uno

Sokal, A. “Transgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity”. Social Text No. 46/47, Science Wars (Spring - Summer, 1996), pp. 217-252. Publicaciones de la Universidad de Duke.

Sokal, Alan. Entrevista realizada por Miguel de Asúa para Ciencia Hoy. Volumen 8 - Nº 47 - Julio/Agosto 1998. Extraída el 9 de octubre de 2010 de http://www.cienciahoy.org.ar/hoy47/soka01.htm

 

Cuadro de texto: 





 

 

 

 

 

maria harguindey